Hacia unos años en que habia residido en su hogar con anterioridad, para esa època, ella se las ingeniò
para inscribirme en el exclusivo Instituto Politècnico Loyola, lugar donde apenas durè un año, puès
embuido de las ideas marxistas aprendidas por lecturas, reraccionaba violentamente cuando personas
del lugar, sacaban a relucir parentezco o afinidad con los Trujillo. Tales razones me hicieron pelear con
un joven sancristobalence, hijo de un prestigioso mèdico al que se les atribuìa familiaridad con el hombre
que con manos fèrreas gobernò por 30 años. La direcciòn del centro educativo me puso de patìca para la
calle.
Estando en esa ciudad, fui operado de apendicitis en la clìnica del Doctor Machuca, ubicada en la calle
General Cabral; justamente detràs de la iglesia parroquial y del mausolèo mandado a construir por Trujillo
para su descanso final.
En la ocasiòn, se veìa constantemente el entrar y salir de efectivos militares, dejando entrever que algo
sucedìa dentro del recinto eclesiàstico. Como joven curioso escuchè de labios de una de las enfermeras
que velaban el cadaver del Generalìsimo: asì lo pronunciò la paramèdicos.
Al abandonar la Clìnica del Doctor Machuca, tuve tentado en ir a ver el cadaver, sin embargo no fuì;
temìa cometer algùn error y que mi rostro reflejara la emociòn que me embargaba, cosa que hubiera
sido de grave consecuencias para mi.
En el paìs, seguian los movimientos que demandaban la salida de Balaguer y de los miembros de
la familia Trujillo. Finalmente, estos ùltimos decidieron aceptar el destierro.
El Doctor Joaquìn Balaguer se mantuvo por pocos dias en la presidencia, aunque al decir de la poblaciòn,
el gobierno detràs del trono era el General Pedro Rafael Ramòn Rodriguez Echavarria, Secretario de Estado
de las Fuerzas Armadas, quièn posteriormente fuè apresado en San Isidro por efectivos militares al mando
del Coronel Rafael Tomàs Fernàndez Dominguez.
Luego de este hècho, Balaguer saliò del paìs y se procediò a formar un Consejo de Estado, el que habrìa
de gobernar por un perìodo determinado, teniendo dentro de sus funciones la de organizar y convocar a
elecciones nacionales.
Los miembros de este organismo, eran una rara mezcla de antitrujillistas por que ya Trujillo no existìa, y
antitrujillista demostrados por sus hèchos.
Rafael F. Bonnelly, Luìs Amiama Tiò, Antonio Imbert Barreras, Monseñor Eliseo Pèrez Sànchez, Antonio.
Caminero y Eduardo Read Barreras.
En lo que al autor de esta reseña concierne, retornè a Elìas Piña, donde reactivè los viejos lazos de amistad
con los jòvenes que aun quedaban en la poblaciòn. Muchos de ellos apoyaron la lucha que decidì realizar,
en aras de conseguir se oficializara el liceo secundario existente, el cual operaba de noche y con numerosas
dificultades.
En el espectro polìtico de toda la provincia, era notorio la algarabìa y discusiones de quienes por primera vez,
se les concedìa el derecho de elegir y ser elegidos.
Habia un renacer de la conciencia ciudadana y eufòricos, los partidarios de los partidos polìticos planteaban
sus puntos de vistas, defendiendolas civilizadamente.
Dos organizaciones politicas se enfrentaban con mayor encono.
La Uniòn Cìvica Nacional, presidida por un atitrujillista furibundo, el Doctor Viriato Fiallo.
Fogoso y con el uso de un lenguado agresivo, cargado de resentimientos.
Ganò la simpatìa de sectores antitrujillistas ubicados mayormente en los extratos medios y altos de la sociedad,
El Partido Revolucionario Dominicano, encabezado por el Profesor Juan Bosch y Gaviño, tambièn antitrujista.
Màs moderado y astuto, supo hacer uso de un lenguaje ecleptico, que les permitiò capitalizar los errores de
su oponente, mordeandolo en forma sutìl, para hacerlo mas comprensible a los sectores populares formados
por campesinos, obreros, chiriperos, jornaleros, etc.
Ese lenguaje directo y agudo fue la clave del èxito; calò sumariamente en la poblaciòn que acepto con agrado
su campaña de perdòn y olvido, basado en una sola frase "Borròn y Cuenta Nueva"
Bosch, ganò las elecciones celebradas el 20 de Diciembre de 1962 y asumiò las riendas del Estado como
Presidente Constitucional de la Repùblica Dominicana el 27 de Febrero de 1963.
Para desgracia de los dominicanos, siete meses durò este maravilloso ejercicio democràtico.
Desde el momento mismo de su juramentaciòn, sectores cavernarios se dieron a la tarèa de preparar el
montàje de una atmòsfera para el deterioro galopante de la buena imagen gubernamental. La consabida
acusaciòn de Comunista y una serie de vericuetos polìticos que como siempre contò con el tradicional apoyo
norteamericano, esta vez en la persona de su Embajador John Bartlow Martin, quièn de manera irresponsable
estuvo tras la huelga general que se utilizò como justificativo para el derrocamiento el 25 de Septiembre de
1963.
Sus principales colaboradores fueron acusados igualmente de realizar acciones, a todas luces imaginarias,
carentes de un sentido lògico y mucho menos de poder ser demostradas.
Como era comùn en aquel perìodo, no podia faltar el endilgo de truhanes al servicio de la ideologìa marxista-
leninista, a las cuales no escaparon connotados intelectuales trujillistas, que simpatizaron con el Profesor
Juan Bosch y coadyubaron decididamente en su limitada gestiòn presidencial.
En el plano personal, este hècho produjo un estado frustratorio.
La instalaciòn de un gobierno elegìdo por el pueblo, habia desbordado mi optimismo y como joven al fin,
veìa todo color de rosas, a tal grado que volvì a la ciudad capital en circunstancias igualmente difìciles
a las anteriores y tener que vivir situaciones dramàticas que seran partes de la nueva entrega .de
vivencias.