Con los acuerdos a que ha arribado con los partidos Revolucionario Dominicano (PRD) y Reformista Social Cristiano (PRSC), tras un consenso para viabilizar trascendentes proyectos e iniciativas políticas dentro de la reforma constitucional, parecería que el presidente Leonel Fernández ha reducido la oposición a los minúsculos grupos populares y movimientos, los únicos que por su accionar, lucen los verdaderos adversarios políticos del actual gobierno.
Quizás no en términos concretos, pero luego de los pactos Fernández-Miguel Vargas Maldonado-PRSC, pudiera haber la percepción en muchos de que lo que se ha producido ha sido una alianza estratégica de las tres fuerzas que han dominado el escenario político en las últimas casi 50 décadas.
Por lo menos, al deducir de lo que ha sido la idiosincrasia del político dominicano y los antecedentes de su accionar, hay gente, y no poca, que cree que los partidos Revolucionario Dominicano y Reformista Social Cristiano pierden o merman autoridad para hacer una oposición seria y vertical a un gobierno con cuyo Presidente se han sentado en la mesa no del diálogo, sino de las negociaciones para lograr propósitos que muchos entienden favorables a sectores políticos específicos.
Es por ello que en una parte importante del país político queda la percepción de que con esos acuerdos el presidente Fernández ha desmembrado la estructura o maquinaria opositora, por lo menos seria y creíble, del PRD y PRSC.
Visto de esa manera entonces el rol de una verdadera oposición, en los tres años siguientes, quedará en manos de minúsculos grupos políticos-populares, como son el Frente Amplio de Lucha Popular (FALPO), Foro Social Alternativo (FSA) el MIUCA y otros de la misma extirpe que más que hacer propuestas sinceras y aplicables lo que tienen como meta es únicamente “arrinconar” al gobierno y terminar con la convocatoria de una huelga nacional, valioso instrumento de lucha que ha sido, por demás, desacreditado en el país.
Esos movimientos, sin un masivo respaldo popular, al menos que no sea por una situación coyuntural ayudada por una desesperación del pueblo en determinado momento, son los que están llamados, a partir de ahora, a tomar el relevo de una oposición constructiva, que ayude a formular al gobierno planteamientos serios y ejecutables, no quimeras e imposibles en medio de una situación de crisis global que aquí todos quisieran ver superada con el accionar de todos los sectores involucrados y comprometidos en el desarrollo y progreso del país.
Si esos grupos o movimientos asumen un papel opositor con seriedad, sin demagogia opositora, sin radicalismo y con un deseo real de hacer aportes, se verían en un camino corto y llano de recobrar su credibilidad perdida.